El último número de la revista Chemical Communications lleva como portada frontal la imagen que acompaña la revisión “Self-assembled peptide–inorganic nanoparticle superstructures: from component design to applications” del grupo QUIMOLMAT.
Las nanopartículas metálicas (oro, plata, cobre…) tienen aplicaciones muy interesantes, con ellas se pueden fabricar sensores o desarrollar terapias médicas. “Sin embargo, las propiedades finales de las nanopartículas que determinan sus aplicaciones, dependen de su tamaño, forma y organización espacial”, nos explican los autores de la revisión. Para controlar esta organización o incluso promover la síntesis de nanopartículas, se utilizan diversos materiales, como nanotubos de carbono o moléculas de ADN. Recientemente, se han empezado a emplear pequeñas proteínas (péptidos) como plataformas de anclaje de nanopartículas, dando lugar a sistemas híbridos “péptido-nanopartícula”. La ventaja que ofrecen estos, es que disponemos de la tecnología necesaria para sintetizar péptidos con la estructura final deseada, determinando con ello las propiedades y aplicaciones del sistema híbrido que forman con las nanopartículas.
En esta revisión, los autores resumen “las diferentes metodologías que se han desarrollado para obtener sistemas híbridos péptido-nanopartícula y analizan cómo se pueden modificar los péptidos para adaptar la estructura y las propiedades de los sistemas finales. Finalmente describen sus aplicaciones en diferentes campos”.
La imagen muestra una máquina expendedora de sistemas híbridos “péptido-nanopartícula”, recalcando la idea de que podemos elegir una u otra estructura final según la aplicación que busquemos (terapia, escaneo, sensores o catalizadores). Una señal advierte que no se deben separar las partes del sistema híbrido si queremos conservar su funcionalidad.
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