Javier Cremades, investigador del grupo BIOCOST, trabaja con macroalgas, unos organismos acuáticos que, al igual que las microalgas, reciben cada vez más atención por parte de la Comisión Europea. La razón es la enorme versatilidad que ofrecen, desde la industria alimentaria hasta su uso como biocombustible, pasando por la industria farmacéutica o como biorremediadores.
Por el Día Mundial del Agua, el 22 de marzo, el investigador fue entrevistado junto a otros expertos en algas, con la finalidad de señalar algunos de los beneficios que supondría potenciar el uso de estas, así como las mayores trabas que encuentran quienes quieren investigar y desarrollar sus aplicaciones.
Cremades, asegura que ambos tipos de algas <<tienen una gran proyección en la industria alimentaria, tanto para el consumo directo como incorporándolas como un ingrediente en la elaboración de otros productos>>. Sin embargo, para que su explotación sea sostenible será necesario cultivarlas en granjas marinas.
Los inconvenientes, son, según el investigador, en primer lugar, que <<los trámites administrativos hacen de cuello de botella>>, una empresa tardaría hasta dos años en iniciar un proyecto piloto. Y, en segundo lugar, puntualiza, que debería redactarse una legislación específica para recolectar algas y no emplear la misma que existe para el marisco.
Todos los expertos consultados auguran un brillante futuro tanto para las micro como para las macroalgas en la industria española, pero coinciden en que habrá que dedicar más recursos económicos y humanos para hacer de ella un bien rentable y sostenible.
El artículo completo en ABC, 22/03/2021, María José Pérez-Barco.
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