Dice de sí misma que un poco rarita sí que es. Puede que sea verdad, porque aunque la fotografía en formato analógico ha reaparecido en la escena cultural de entre los restos del naufragio ocasionado por la era de lo digital, no mucha gente apuesta por desarrollar su carrera artística en este plano. Los procesos de revelado son caros y tediosos, y la norma es que siempre haya algo que sale mal. Sin embargo, Irene Sáenz ha aprendido a trabajar para ella, apostando por estilos y técnicas menos convencionales: “Me interesan un cine y unas formas de expresión que no sean de grandes masas. Prefiero crear vínculos con personas a quienes le interesa el conocimiento y la exploración, ya que siempre disfruto mucho más el proceso de hacer una foto que el resultado mismo de esa fotografía”. Cree que en lo analógico reside una actitud osada, que siempre lleva a descubrir y probar cosas nuevas, ya que las posibilidades son infinitas: “No existiría un cine convencional sin estos procesos más arriesgados”. Se parapeta en una defensa del feísmo y de la naturalidad, porque allá donde haya un error siempre habrá belleza.
«La experimentación artística y la científica son muy similares, aunque se basen en diferentes metodologías: observamos, comprobamos y probamos…»
Empezó estudiando historia del arte, pero sentía que perdía el tiempo centrándose en cosas que no despertaban su interés, o al menos no tanto como el cine: “Al principio tenía mucho miedo, pero era algo que estaba ahí y no se podía esconder. En cuanto me vi con fuerzas me mudé a Madrid para estudiar dirección. Fui probando en diferentes lugares, hasta que llegué al cine experimental y de vanguardia, y fue ahí cuando abrí los ojos”, recuerda.
-Tú te lo pasas muy bien [En tu trabajo], ¿Verdad?
-¡Sí! Yo lo hago por eso, no por mucho más. (Ríe)
La frustración es un leitmotiv de lo analógico, pero dice que cada vez le afecta menos: “Es importante entender que cada uno tiene sus tiempos y sus procesos, y el fracaso es algo que está ahí y hay que naturalizar porque también te enseña”.

Irene se parapeta en una defensa del feísmo y de la naturalidad, porque allá donde haya un error siempre habrá bellez.a
Llega a CICAGallery gracias al convencimiento de que siempre se puede aprender algo nuevo: “Quiero saber, sobre todo, por qué hago las cosas, y creo que este es un buen sitio para ello. La experimentación artística y la científica son muy similares, aunque se basen en diferentes metodologías: observamos, comprobamos y probamos…”. Mientras habla, Irene prepara un nuevo fijador para revelar sus fotografías hecho a base de biochar, un carbón vegetal que se elabora en el grupo Aquaterra, donde está disfrutando de esta experiencia. Su manera de moverse en el laboratorio, la naturalidad con que maneja hornillos y agitadores…pareciera que Irene lleva toda la vida siendo investigadora. Y lo es, solo que esta vez ha cambiado de plano.
FICHA TÉCNICA

Irene Sáenz es Fotógrafa y filmaker. Mayoritariamente desarrolla su trabajo y experimentación artísticas en formatos analógicos.
Estudiando Historia del Arte se dio cuenta de que quería dedicarse a la dirección de cine. Tras cursar varios expertos en Dirección cinematográfica y Cámara y Multicámara de TV (Séptima Ars, Madrid) encontró su nicho en Master Lav, un laboratorio creativo donde pudo estudiar experimentación de prácticas audiovisuales de vanguardia. Su experiencia laboral oscila entre el mundo cinematográfico puro y la vinculación del audiovisual con la música, aunque lo que más disfruta, dice, no es el resultado final, sino el proceso de creación.
Participa en CICAGallery junto al grupo de investigación Aquaterra.